sábado, 1 de abril de 2017

Una bola que marcó un destino


Todo comenzó un día de verano cuando un niño se bañaba en la playa, en el horizonte vio una brillante luz que flotaba en el mar, poco a poco el pequeño se  fue acercando y descubrió que era una bola. La esfera se introducía hacia la linea del horizonte,  pero el  chico la seguía con un ímpetu imperturbable, después de largo tiempo el esforzado joven llegó hasta su costoso objetivo. El era feliz, su alegría duró poco cuando descubrió que la costa era casi invisible y la fatiga se hizo dueña de todo su cuerpo,  después de muchos intentos por llegar a tierra firme  el pequeño personaje, sufría un agotamiento  intenso, pidió ayuda, pero nadie se daba cuenta de su apurada situación.

 De pronto se vio algo moverse en el agua en dirección a la posición del niño. Más tarde dos siluetas llegaban a la concurrida arena llena de sombrillas.  Una era la del imprudente nadador y la otra pertenecía a Perlita una perra que viendo el peligro no dudo en sacar al niño de aquella terrible situación. Como premio la dulce perla fue adoptada por la familia del joven y la bola guardada como el recuerdo de la imprudencia del chico y la heroicidad de un animal que no dudo en dar su vida por el prójimo.
Es una historia real que ocurrió hace muchos años.



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